La idea de escribir sobre esto surgió cuando me topé con un anuncio
pegado en un parabús que decía: “Se recompensará a la persona que
encuentre un anillo de compromiso”. Fue ahí cuando me pregunté sobre
qué tan difícil sería para el que lo perdió comprarse otro, al mismo
tiempo me cuestioné sobre la utilidad de remplazarlo si no tiene el
mismo valor sentimental.
El regalo que nos dio la abuela antes de morir, el primer oso de
peluche, la primera carta que nos escribió el amor de nuestra vida, el
primer diploma e incluso nuestra primera mascota... todos son obsequios
a los que les tenemos un cariño especial y por nada del mundo
quisiéramos perderlos, pero ¿qué haríamos si eso pasara? Por más que
quisiéramos sustituirlos sería imposible.
El otro día fui a una tienda de mascotas para comprarle un
perro a mi novia, cuando pagué, el chico que me lo vendió dijo: “Si el
perro tiene alguna enfermedad y le pasa algo, no se preocupe hay
garantía y si sucede en ese plazo se lo cambiamos”. ¿Qué?, ¿pero qué le
voy a decir a mi novia si le pasa algo al perro al que ya quiere?, “no
te preocupes mañana voy por otro a la tienda”.
Traté de contactar a un reconocido entrenador argentino de
fútbol para que nos dijera lo que significaba para él la corbata de
dragón que usa para la buena suerte y qué haría si la extraviara; ese
día perdió su equipo y no era el momento indicado para abordar el tema.
En cambio aquí te traemos otros testimonios de gente “común y
corriente”, como tú y yo, nos hablan sobre sus objetos con gran valor
sentimental y no sólo eso también los llevan a todo lugar que van:
Gilda, 45 años, ama de casa: “Siempre llevo conmigo un calcetín
que iba a ser para mi primer hijo, pero no pudo serlo. Hace 22 años que
lo llevo siempre conmigo. Para mí es sagrado”.
Arturo, 33 años, comerciante: “Mi mhala (rosario budista), mi
rosario de piedra y los carritos de metal que heredé de mi padre y que
me prometía desde que tenía 7 años, hasta que falleció me llegó la
colección casi entera. Aunque no soy muy apegado a las cosas materiales
(soy budista), esos objetos tienen más valor sentimental que
económico”.
Mónica, 22 años, estudiante: “Tengo un colgante de un
escarabajo egipcio que me trajeron mis padres cuando era pequeña. Lo
llevo a todas partes, aunque no sea colgado del cuello, y aunque sé que
es una tontería, creo que me da suerte”.
Selene, 27 años, enfermera: “Un anillo que era de mi abuelita.
Se lo robé a la buena. Ella ya estaba muy malita, muriendo y
simplemente se lo quité y me lo puse. Se dio cuenta, pero no dijo nada.
No lo robé por maldad, simplemente quería tener algo de ella”.
¿Has perdido algo que tenía para ti gran valor sentimental y no
encuentras como sustituirlo?, ¿llevas algún objeto a todos lados?,
¿tienes alguna cosa que te dé suerte? Cuéntanos.