Fue a comienzos de los años setenta cuando surgieron los primeros
sistemas operativos para múltiples usuarios dentro de una misma
computadora. A comienzos de los noventas, la mensajería instantánea
(MI) surgió como una forma de “chat” que permitía a los usuarios
sostener en tiempo real una conversación, con uno o más de sus amigos,
mientras estuvieran conectados a Internet. Desde entonces, de acuerdo
con una encuesta realizada por Pew Report, 74% de los usuarios jóvenes con acceso a Internet la utilizan.
Con dichas cifras, académicos y científicos han tratado de profundizar
sobre el impacto de este tipo de herramientas en la vida social y
educativa de los seres humanos. Algunos hablan de una deshumanización
de las relaciones sociales, mientras que otros pugnan por que la MI
cambió nuestras vidas al permitir conectarnos y relacionarnos con más
personas. En el ámbito académico y laboral, esta herramienta plantea
problemas a nivel del uso del lenguaje y de distracción por parte de
los alumnos y empleados.
En la comunicación ciberespacial, tal como en la mensajería
instantánea, los individuos viajan a través del tiempo y el espacio sin
su cuerpo físico. Como resultado, somos testigos de múltiples cambios
sociales. Por ejemplo, la gente puede establecer y desarrollar
relaciones sin necesariamente estar en una situación “cara a acara”.
Otro cambio es la creación de “comunidades virtuales”. Así, somos
capaces de comunicarnos con personas que están conectadas en las
distintas redes que existen en Internet.
Construimos un sentido de “comunidad en línea”. Por lo tanto,
estamos ante una nueva reconfiguración del sentido de comunidad, una
que ya no tiene límites. En las empresas, muchas decisiones se toman
entre los empleados que están simultáneamente en distintas parte del
mundo. Contactar a alguien que está del otro lado del globo resulta
fácil y barato, y esto nos ha insertado en una nueva dinámica que puede
ser leída como una “conciencia global”. Por ende, la mensajería
instantánea se ha convertido en una herramienta social.
La MI no ha provocado sólo estas transformaciones en el
comportamiento humano, sino que ha producido efectos en nuestra vida
cotidiana. Un ejemplo de ellos es la nueva forma de comunicarnos: la
adicción que provoca el conectarse para platicar entre individuos. En
el terreno de la escritura se han dado cambios en la manera de
redactar, la tendencia es hacia el ahorro de las palabras y la
abreviación. Algo que los lingüistas ya están estudiando.
Hoy en día es común saber que muchos estudiantes dejan sus
países por ir a estudiar al extranjero, esto permite un nuevo tipo de
contacto con el país de origen. La mensajería instantánea permite
acortar distancias y ahorrar costos. Esto crea nuevos patrones de
consumo y nuevos hábitos.
La MI también permite, en algunos casos, la anonimidad. Las
interacciones en esta plataforma muchas de las veces no muestran el
género, la edad, la raza, el estrato social o la apariencia física.
Por mucho que se discuta sobre los efectos deshumanizadores de la
mensajería instantánea, las investigaciones apuntan a que este tipo de
herramientas en lugar de crear comunidades distantes y separadas, más
bien refuerza las interacciones y juega un papel importante en su
sustento. Por eso, mientras la tecnología se convierte en un lugar
común, la gente no piensa en ella como algo tecnológico, sino como algo
natural.
Más allá de esta discusión, la MI permite también que personas
con discapacidades auditivas o con problemas de habla puedan
interactuar con mayor facilidad. De allí que se considere a esta nueva
tecnología como una poderosa herramienta para igualar las oportunidades
de comunicación.
Sin embargo, el problema viene cuando los usuarios permanecen mucho
tiempo usándola, tanto que puede convertirse en una adicción que muchas
de las veces puede confundirse con la realidad misma. El medio se
convierte en un modelo de precepción y de conocimiento del mundo.
La mensajería instantánea ha tenido un efecto importante en la
construcción de nuestros patrones culturales y sociales, pero no hay
que olvidar que es una herramienta limitada. Mientras se discuta sobre
si mejora o degrada nuestras vidas, la respuesta está en cómo usamos
esta “nueva” tecnología.